05/02/12
Constitución
Sólo tengo un secreto, aunque ya no sirve para nada.
Ni el secreto, ni tenerlo.
Otra cosa que no le digo a nadie es que ya no me gusta escribir.
A veces tengo la sensación de que ya no queda nadie
a quien escribir; y si quedara, tampoco tendría gran cosa
que decir. Por eso me quedo aquí, donde estoy
en Buenos Aires, en enero, con la ciudad medio vacía
y viviendo en un silencio casi incesante; y es que no sabría
tampoco a donde ir.
Estoy comiendo más ahora que ya no fumo.
Y bebo demasiado café; tanto que por la noche no duermo
y durante el día tengo sueño, por lo que bebo más café
y así en círculos hasta que me alcance a mí mismo.
Anoche, por ejemplo, me desperté varias veces
con la palabra NO, que incluso dije en voz alta
como si quisiera salir de un susto dentro del sueño.
Soñaba con una mujer a la que quería amar
y a la vez no quería.
Así me pasa con esto de escribir. Diga lo que diga
ya no es más que información o ruido, blanco o negro
uno y cero, on/off: algo y nada. Cualquier algo
y cualquier nada. Siento que uno debe convencerse
de que ha muerto, y seguir adelante ya sólo
como información—aunque sea como duda
como espejo borroso, como un remolino más perdido
en la turbulencia secreta de las horas y los días
pasados en soledad.
Archivado en: Poemas Una-luz
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