tema: Arte

El azar en el arte (seminario)



Este martes, 8 de noviembre, a las 19h. y en la Barraca Vorticista, arranco con un nuevo seminario. Espero que les interese y puedan venir. ¡Prometo que nos reiremos bastante!

(Nota: la R en el cartel quedó así por error, por casualidad, por azar. Me gustó y la dejé. También hablaremos sobre el dejarse llevar por las cosas que ocurren durante el proceso creativo, sobre el no querer controlarlo todo. Esas cosas.)

El disparadero


Empiezo un curso nuevo, medio taller, medio clínica, medio encuentro de lecturas complicadas compartidas. Empezará a fines de octubre/principios de noviembre, habrá un parón en el verano y después continuará sin fecha límite.
Y es que en otros cursos que dí, hablando con artistas, críticos, galeristas, curadores, me di cuenta de que hacen falta espacios de reflexión sobre el arte contemporáneo, no sólo la teoría sino la práctica. Por eso me pareció buena idea producir ese espacio/tiempo en el que la gente que venga entre en confianza y pueda decir y preguntar lo que quiera, pueda proponer lecturas u obras sobre las que hablar, que ese lugar sirva para una conversación intensa y constante sobre los temas del arte de nuestro tiempo.
Dije también que es un taller. En el cartel pone que la sesión dura dos horas. ¿Pero qué pasa si empezamos a poner algunas ideas en práctica, si la discusión pasa de la teoría a la construcción real de algo? Bueno, hará falta más tiempo, claro, y se lo dedicaremos.

Chocolatería peronista


Fabiana Di Luca se ha impuesto la noble tarea de inducirnos, siempre suavemente, a comernos a los ídolos y los símbolos. Lo mejor de esta especie de canibalismo en efigie es que invita incluso a los rivales, adversarios y enemigos políticos del peronismo a comerse al peronismo: ya sea para cobrar de ahí fuerzas o para hacerlo desaparecer. Esta universalidad, ¿no es también una de las señas de identidad del peronismo?

Los argentinos dicen que el peronismo es incomprensible para los extranjeros. Yo diría que es al contrario: los extranjeros lo entendemos como una manera de ser de los argentinos, así se ve desde fuera estando dentro, mientras que a ellos les cuesta mucho más mirarse al espejo. A veces pienso que cuando los argentinos celebran el peronismo en toda su complejidad, es que se celebran a sí mismos en todas sus contradicciones. Desconfío siempre del que no es contradictorio, sea persona, empresa o país. Y es porque la realidad es compleja, varia, difícil; y a veces resulta que la única forma de atravesar algunos de sus momentos es manteniendo dos actitudes, opiniones, ideas contradictorias de manera simultánea: manteniendo su verdad, la de cada una alternativamente, la de ambas a la vez, como si la vida nos fuera en ello.

Y es que sí, la vida nos va en cómo nos vemos, en cómo la vemos. Y, por supuesto, en qué comemos.

Hay un blog al respecto: LA FÁBRICA-CHOCOLATES PERONISTAS

La BIBLIOTECA POPULAR AMBULANTE


La BIBLIOTECA POPULAR AMBULANTE (BiPA) es el trabajo a corto, medio y largo plazo en el que estoy trabajando. Dicho de otro modo, este es el proyecto en el que estaré desde hace un par de meses hasta que me muera. Si lo hago bien y tengo mucha suerte, continuará. Si no, pues no sé, tampoco es que me vaya a dar mucha cuenta.

La idea surge de la “Expedición”:http://artexpedicionario.blogspot.com/—de llevar la “cultura” o la vida o el negocio en un carro, tirado de una bici. Quiero producir una especie de nomadismo cercano, un ambulantismo, un deambulantismo, una forma de pasear como extranjero en cualquier lugar (dar una vuelta a la manzana donde vivo, por ejemplo) y aportar algo a la conversación pública en ese sitio. Esa conversación puede ser que la gente pasa por ahí y normalmente no se detiene (porque hay prisa o miedo o aburrimiento o no hay nada), y darle un motivo para detenerse y ver algo, aprender algo, enseñar algo y ¡hasta meterse un buen plato de lentejas entre pecho y espalda!

(No sé por qué, pero hoy me levanté con ganas de escribir eso de “entre pecho y espalda” en algún texto). (Misión cumplida).

La BIBLIOTECA POPULAR AMBULANTE (BiPA) consiste de un carro tirado por bicicleta que contiene una biblioteca de 500 volúmenes en principio hechos por mí. No es tan difícil hacer un libro, lo peor viene antes de empezar, cuando no se te ocurre de qué coño podría tratar el bicho. En fin, 500 libros que circulen por la Ciudad y el Conurbano de Buenos Aires. Quiero que la BiPA se detenga en plazas y ferias y se ofrezca como lugar para leer, o charlar y en ocasiones, para comer. Porque también me parece importante que espíritu y cuerpo se alimenten simultáneamente. Hay que ser un poco equilibrista con eso.

Además, si ofreces comida, la gente viene. Siempre pasa. En el Recoleta, cuando mostramos la oficina de la Expedición, cocinamos y la gente se puso a la cola inmediatamente. ¡No hubo ni que decírselo!

El carro apenas está siendo diseñado en la parte del cerebro (el mío, en este caso) que diseña cosas. Pero me gustaría que llevara incorporadas las mesas, plegables y desplegables sobre el territorio que en su momento la BiPA vaya ocupando. Con espacio para guardar todo el equipo de cocina, o de camping o el instrumental que haga falta. Y con alguna forma de transportar sillas plegables, también desplegables, o banquitos, o algo para sentarse. Que sea un carro multiactividad con todo perfectamente guardable para emprender el camino (la huida) (la línea de fuga) en cualquier momento.

También, ya que estamos con lo de los libros y la comida, me gustaría que amigos escritores y poetas (y también otros que no son amigos, o que no conozco) vengan y lean sus trabajos, o den alguna conferencia o un mini-taller de escritura, o armen un debate sobre un tema que importe. Cosas que hagan que la gente se acerque. Alguien puede venir y dar una clase de cocina. La idea de la BiPA es producir un espacio cultural instantáneo y portátil.

Sobre los libros y el criterio de su construcción escribiré más adelante.

Seminario sobre Bourriaud


En dos semanas comienzo este seminario breve, intensivo. Intentaré cubrir bastante terreno, poniendo las ideas de Bourriaud y las obras de los artistas que comenta en contexto: social, económico, artístico, filosófico, tecnológico. Sí, el curso va sobre Bourriaud, pero también sobre el arte y el pensamiento de una buena parte del presente.

(Para mayores informes, pueden utilizar el formulario de contacto en esta misma página)

Pourquoi le mate


Alberto Méndez, Porquoi le mate
Vicky Peláez Arte
Art Hotel (Azcuénaga 1268, Buenos Aires)
Hasta fines de julio



Robert Hughes ha dicho que la función cultural que cumple el elevadísimo precio de las obras de arte en los mercados internacionales es el de cegarnos: y ciegos, somos incapaces de juzgar. Pero hay muchos otros aspectos del mercado y sus tecnologías cuya función es producir ceguera. La publicidad, la sobrecarga de información (o lo que parece información), la enorme inflación sígnica en la que vivimos. Tal proliferación de imágenes, mensajes y signos de todo tipo produce un bloqueo de los sentidos que termina en un bloqueo del sentido.

Pero esto no es nada nuevo. Cada generación desde mediados del siglo XIX, o desde que hay una Era Industrial o Postindustrial, ha padecido un incremento feroz en la cantidad de signos a los que se le ha conminado a atender. Los artistas, desde entonces, no han dejado de ocuparse de esta saturación, que siempre llega al límite y lo expande. Al decir “postindustrial”, no cabe duda de que se apunta a un cambio en el ritmo de proliferación de los signos. Es como si viviésemos en un territorio conocido cuyos mapas nunca llegan a ser actuales, como si caducaran antes de ser publicados, y por tanto debemos producirlos de muchas maneras e incesantemente, en una carrera infinita hacia la entropía.

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Tríptico de ArteBA/1


Para alguien que visita las galerías y salas de exposición de Buenos Aires con cierta frecuencia, ArteBA rara vez ofrece algo más que más de lo mismo. Muchas de las galerías extranjeras que acuden a la feria, incluso, suelen mostrar obra de artistas argentinos, con lo que es poco el aire fresco que circula por los pasillos de la Rural.
Recorriendo la feria, ausente la sorpresa, me encantó encontrar tres obras “menores” que me alegraron la visita. Digo “menores”, así, entre comillas, porque son obras en papel, el tipo de material por el que los coleccionistas pagan menos. Pero el arte contemporáneo, con su énfasis en lo precario, lo efímero y hasta lo sutil, no puede contemplar una diferenciación proveniente del antiguo régimen, el mismo que terminó siendo nada más que un mercado, o sea, un sólo sistema de signos, cuando el arte siempre ha albergado la posibilidad (y más en los últimos 50 años) de ser e incluir muchos otros sistemas. De hecho, lo hace, pero a menudo con y desde la exclusión del sistema de signos que llamamos mercado.

Este tríptico de obras en papel es lo que saqué en limpio de la feria. Evidentemente, había más cosas, pero esto es lo que he decidido que a mí me valía la pena recordar.


1. La desaparición de los jefes




En la galería española Ángeles Baños, había un buen espacio dedicado a los periódicos retocados de Ignacio Bautista. Se trata de una suerte de dípticos en los que por un lado aparece una página de diario con la foto de algún dignatario, y por el otro, la misma página, la misma foto, pero con el dignatario borrado.

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Nuevo blog


He abierto un blog para La Expedición, una muestra peregrina que estoy comisariando junto con Leonello Zambón y Zina Katz.

Esta es la primera curaduría que hago en Argentina. Y me pareció desde el principio que debía incluir dos elementos para mí muy importantes: el viaje y el azar. El primero lo haremos en unas bicis que armó Leo; a lo segundo nos entregaremos precisamente porque no sabemos muy bien con qué o con quien nos vamos a encontrar: la muestra saldrá de esos encuentros.

Carolina Gori

¿Qué haré con el miedo? (2010)


Creo que fue en un capítulo de la serie Rubicon que un personaje explica a otro: hay dos clases de miedo, el bueno te mueve a trabajar más, el malo te paraliza. La serie fue cancelada tras sólo trece capítulos, quizá porque mostraba con demasiada exactitud como funciona la industria global del miedo, con EEUU como líder indiscutible.

Si admitimos que esto del miedo bueno y malo se acerca a la verdad, surge un problema nuevo: ¿cómo distinguirlos, cómo separarlos, aislarlos para que uno tenga su efecto positivo y el otro no tenga el negativo? Parece que más que de miedos distintos, se trata de cómo afrontamos la adversidad, o sus posibles avisos, los que nos meten el miedo en el cuerpo. En otras palabras, cómo vivimos con el miedo, cómo aprovechamos sus energías positivas y negativas. Nietzsche tenía una respuesta: Amor fati—amor por el propio destino.

“Qué haré con el miedo”, la instalación que Carolina Gori presentó hace un par de meses en la muestra “Elogio de la fragilidad”, curada por Marcelo Pelissier en el Fondo Nacional de las Artes, me ha quedado flotando en la imaginación desde que la vi. No es una obra bella ni bonita, se lo he comentado a Carolina quizá demasiadas veces, pero sí que impresiona, sobre todo por la pesadez de esa especie de humo que sale del colchón.

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Seminario


Una movida que no entiendo


Últimamente, me he encontrado con una movida rara, o inesperada, en el mundillo del arte, donde pocas cosas suelen sorprenderme. No sé si es una movida o un movimiento, o qué. Pasó hace unas semanas que recibí un mail en el que se me invitaba a una exposición. Recibo muchas invitaciones de este tipo, estoy en la lista de correo de la mayoría de galerías e instituciones de Buenos Aires. Pero esta venía de una organización que yo desconocía. Bueno, de hecho, no tiene nombre. El mail incluía varias imágenes, la fecha, la hora de la inauguración y decía que tenía que responder para que me dijeran donde sería. En un principio esto me provocó cierto reparo. Luego pensé que habría música en vivo y que por eso lo hacían así. En Buenos Aires, el gobierno de la ciudad se ha dedicado sistemáticamente a cerrar los espacios musicales desde hace unos años, destruyendo de paso una movida cultural que hasta hace poco había sido muy fuerte. Los “inspectores” utilizan a menudo las redes sociales y la publicidad por internet para enterarse de dónde va a haber un concierto. Así que el recurso ha sido escribir o llamar, decir quién eres, y si te conocen, te dan la dirección.

Pensando que sería algo por el estilo, contesté el mail y un par de horas más tarde me llegó otro con una dirección de Constitución, cerca de mi casa. El día señalado, fui. Me extrañó que hubiera poca gente. Me extrañó que no hubiera folletos, catálogo, cualquier cosa que informara sobre la exposición. No había nadie que pudiera decir que había organizado aquello. Sólo estaba una chica joven, en la puerta, con una lista de nombres de los invitados. Delante de mí, para entrar, había tres personas. Dos estaban en la lista, la tercera no. La chica dijo que no podía entrar. Discutieron. La chica se puso muy seria, negándole la entrada a esa persona. Los tres decidieron que no sería para tanto, que no valía la pena ni discutir ni quedarse y se fueron. Yo entré. Adentro había, como dije, poca gente; así me pareció todavía más rara eso de negar la entrada a los que no estuvieran en la lista.

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Lisa Giménez

Mis palabras y mis cosas
En Bisagra hasta el 28 de agosto


Suele ocurrir que las metáforas de los filósofos me sorprenden, me atraen más que las de los poetas. Hace muchos años, leyendo en Derrida, encontré una que se ha convertido en una especie de fantasma en el fondo de mi memoria. Existe un sistema mnemónico según el cual uno debe erigir un palacio en su mente e ir poniendo cada cosa a recordar en una de las habitaciones. Hay una habitación en el fondo de mi palacio habitada por ese fantasma.
Volví a ese lugar la segunda vez que fui a ver “Mis palabras y mis cosas”, la última muestra de Lisa Giménez en Bisagra. La exposición es aparentemente sencilla, hasta que uno se empieza a preguntar el por qué de esto o aquello. De hecho, parece no ser gran cosa: hay una foto de una estantería, en tamaño real, repleta de objetos; una foto cenital de una maleta, también en tamaño real y llena de objetos; una foto larga, puesta sobre caballetes, horizontal, en la que aparecen más objetos de la vida de Lisa Giménez, con etiquetas como de museo, en las que cuenta por qué cada cosa tiene su valor, con la fecha y el lugar que corresponde a cada una. Y hay más que iré contando en este artículo.


En “Différance”, el seminal artículo que aparece en Márgenes de la filosofía, Derrida explica ese neologismo suyo. Cuando escribe sobre esa especie de mudez de la a en différance, que suena igual que si fuera la e francesa en différence, dice: “La a de différance, por tanto, no se oye: permanece silenciosa, secreta y discreta como una tumba…” En otras palabras, igual que una tumba, esta es una presencia que señala una ausencia. No me voy a meter más en esta cuestión: para no molestar y para decir lo que quiero decir sobre el trabajo de Lisa.

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