24/04/07
Jorge Macchi en el cruce de caminos
Llego a la Galería Ruth Benzacar y encuentro mapas no sólo en blanco, sino inexistentes, o porque nunca estuvieron ahí, o porque han sido retirados: las coordenadas de la aporía. Una exposición fascinante de Jorge Macchi.
Al fondo está la proyección de una sombra sobre una postal de Buenos Aires, con el obelisco en el centro. Una nube que pasa por sobre la ciudad. Pero rectangular y simétrica. Una nube prefabricada que se cierne sobre el paisaje urbano, no sé si como amenaza, o si simplemente es una instantánea, el retrato de un momento en el tiempo, con lo que puedo imaginar que la nube pasará. La obra me obliga a mantener estas dos posiciones antinómicas, me obliga a vivir en la inseguridad del presente, sabiendo que las cosas pueden empeorar o ir a mejor, y me empuja hacia el futuro, territorio en el que voy depositando, aunque nunca de manera permanente, mis miedos y mis esperanzas.
Otra obra, titulada Liliput presenta mapas de naciones-estado, recortados, pegados sobre la superficie, algunos al revés, otros al derecho: convertidos en papeles que lleva el viento. De nuevo el retrato de un instante, como si se hubiera puesto en pausa el vídeo de la bolsa de plástico bailando en un remolino de aire en (peli). Yo, que tiendo a estar a favor del Estado como forma de organización de la sociedad y sus recursos, y como garantía de los derechos civiles, tiendo sin embargo a desconfiar de los discursos nacionales, o nacionalistas. Y es así hasta el punto en que considero que el discurso nacionalista es una señal de debilidad del estado: cuanto más se agitan las banderas, menos se cumple con el contrato entre el estado y la sociedad. Entonces, aquí, ¿qué es lo que se lleva el viento, a las naciones o a los estados? ¿O a los dos?
De nuevo me encuentro con que Macchi me ha puesto en una disyuntiva sin posible reconciliación. Resolverla en una dirección u otra es algo que puedo hacer, claro, pero es algo que no me sirve para resolver el enigma propuesto por el artista. Estoy en un punto en el que tomar una decisión en realidad no me lleva a ninguna parte. Lo bueno, lo importante, es que me encuentro en ese lugar y en ese momento previos a la elección: esa crisis, ese cruce entre el peligro y la oportunidad.
Ya no se trata, entonces, de decidir el camino, se trata de saber que siempre estamos en el proceso de esa decisión. Lo que Macchi invita a ponderar es el momento previo a la resolución de un problema, poniéndome, como espectador, en un lugar flotante en el que cualquier decisión que tome es la equivocada. O mejor, no es ni la equivocada ni la acertada. Es en esos momentos, en los que la decisión es imposible (o inútil) y nos quedamos inmóviles, que el mundo se deja ver.
Archivado en: Arte
