Vértice


Dormiste. Me gusta esa sonrisa
como de niña y de lobo
de una infancia que nos queda imaginar
y nunca, o casi, al mismo tiempo.
Más tarde, besos, la búsqueda radiante
de un tesoro. En el patio había un río—
lo cruzamos hasta la puerta de doble hoja
y sólo abro una, esa leve confianza
que hay que tomarse a veces, a bolsillo vacío
y luego encender la luz para ver
quién ha venido a vernos, y viceversa.

Espero haber omitido algo
en esto que te cuento ahora. Mañana veremos.
Por hoy, no sé si seguir clavando agujas—
principalmente las que significan
otro día no sé donde—en la pared.
¿Servirán para engancharnos?
¿Es el amor otro vicio, como anuncian?
Y nos íbamos a reír, pero decidimos entrar.
Me quité la misma camisa frente a la ventana.
Las hortensias no están, pero pondremos
jazmines en el cantero de la izquierda.
¿Ves que la higuera va bien?

Si quieres, he puesto algo de fruta a enfriar.