No dispares los fantasmas


Entonces
otra alegría habrá sido vivida,
piensa uno que se recupera un poco.
——*W.G. Sebald*

Ríos y fronteras
atarán el frío de este insomnio
al equipaje ya en el zaguán.
No olvides las ventanas
y más las que algo dicen.
Las que repiten su historia
sin drama, exacta cada vez
y miran al bosque salino, rotulado
reciente desde siempre
como una próxima salvación.

Después construiremos algo en la playa
no te preocupes, no se lo digas a nadie
que hasta hoy tiene un precio.
Parece que batiremos la maleza
o las palmas, o al enemigo
para que surja el secreto de repente
y nos de un susto y erremos el tiro.

Las calles encaminan su caducidad.
Lo dejan todo para otro día, más líquido
más arbitrario, cafeinado, redondo.
¿Quién dirá en qué momento
una ruina comenzó a serlo?

El precio de cada instante se borrará
cuando nos reflejemos en él otra vez.
Pero no la tercera o la cuarta…
no sé cuantas van, meciéndonos
hasta que el principio recordado
blanqueado en ácido y quiebra
se acerque al tímido capricho
de enredarnos en otra charla como ésta
y le apueste lo que quiera
a que ya no es todo así:
envuelto para llevar.