Las improvisaciones


En los últimos tiempos me dio por resolver los ratos de espera, o de transporte, escribiendo eso que llamo improvisaciones. Normalmente aprovecho esos ratos leyendo, pero un día ocurrió que no llevaba un libro, sólo mi libreta y la pluma, y para no aburrirme, me puse a escribir.
El método es muy fácil. Escribo cualquier frase que me venga a la mente, luego otra que le sirva de comentario, más que de continuación, luego otra y otra, etc. Normalmente trato de que una frase sirva de aclaración de lo que ha venido antes.
Y claro, la cosa se va complicando con cada nueva frase. Cada vez hay más que explicar. Supongo que cada una de estas improvisaciones podría ser el principio de una novela, si tuviera yo el interés y la paciencia para escribirla. Soy poco novelero.
Y lo soy porque siempre tengo la sensación de que las novelas terminan siendo todas más o menos iguales, dentro de una serie de narraciones arquetípicas que las subyacen. En cambio, estos textos cortitos, más bien alusivos que narrativos, me recuerdan más a cómo funciona un poema, o el tipo de teatro que me gusta.