Itinerario




Íbamos a ir, pero al final nos quedamos. Había demasiado para escoger. Demasiado que podríamos haber visto sin pensar. Sin saber qué era lo que estábamos viendo. Así, pensamos, lo mejor era quedarnos donde estábamos, permanecer quietos, como a la expectativa, pero sin esperar nada. Ni siquiera nos parecía buena idea, en aquel momento, mirar por la ventana. En la habitación sólo había una. Mirar hubiera significado querer saber más, querer salir, pero sin posibilidades de saber salir hubiera sido inútil. O contraproducente. Tampoco encendimos el televisor, ni permitimos a uno de nosotros que echara un vistazo al periódico que encontró en la habitación: eso también hubiera provocado la curiosidad, el ansia por no permanecer encerrados. La idea era que tampoco nos sintiéramos encerrados, eso también podría invitar a salir, que era lo que habíamos decidido evitar, ya, a toda costa.