15/12/08
La estafa
Ese perro que ves ahí
¿llegará a olisquear el árbol de la paz?
La primavera se ha secado, pronto lo sabremos.
Después, todo sueño será el ensayo de un desastre.
De la querella que a lo lejos
muestra sus manos vacías
y deja que una hija de la ira
se envuelva en los pliegues del hielo
como si fuera tiempo, lugar vivido.
¿Cuánto falta?
Para que no haya nada más que decir.
O venga encapsulado, en pastillas discretas
aunque del mismo color
todo eso que tiene un aire a nosotros mismos.
A mí mismo.
Pero todo estará presente, dijiste.
Y claro, nadie levantó la mirada.
Ni siquiera para echar un vistazo al reloj;
como si todavía quedaran lágrimas de humo
para recoger del suelo—
cada una con su idea, reconcentrada en sal
de lo que el mundo fue, o es o hubiera sido.
El coleccionista de pañuelos
sabe que su día ahora empieza.
El banquero, su amigo
debajo del reloj y malcogido
espera financiar la próxima esperanza:
una pirámide helada, en blanco
triste pero brillante.
