Industria nacional


Todos se habían ido a la ciudad
a encontrar un desayuno más barato.
Las piedras fueron con ellos, dejando un rastro
una pequeña comunidad engastada en las ruinas
y un riachuelo de recuerdo: Rdo. de nuestro pueblo
de las manzanas que nos habíamos prohibido
y dejamos caer, descubriendo algo con el tiempo
que no tenía nada que ver con que se pudrieran ahí.
Algunos libros quedaron también
ocupando el sitio de la pata de algún mueble:
los libros siempre aportando algún equilibro
algún alivio contra la gravedad que estrella lo presente
y lo va desdiciendo poco a poco.

Hay quien afirma que la gravedad y el tiempo
son exactamente lo contrario de las palabras;
no se sabe si a partes iguales.

En todo caso, el campanario sumergido sigue atrayendo:
los turistas lo desmontan con su columna de humo
para volverlo a montar por la noche
y que a la mañana se note lo menos posible.
Tienen esas cosas los turistas.
Otros, en su lugar
se dedicarían primordialmente a dejar el día a un lado
para sentarse mejor a la mesa
—cuarta pata de libros—
y que en su desequilibrio se lleva mejor
con las campanas de los demás.

Pero el asunto de los sombreros aún está por decidir.
Habían venido unos señores a cambiárnoslos
por otros de otros colores.
Algo brillaba en ellos, vistos de perfil
y nos recordaba que ya estuvimos aquí
viendo caer las manzanas, deshojando libros
cazando liebres de hambre en las afueras.

1 Comentarios para Industria nacional

  1. EL AXEL escribió:

    Y gueno, cuando te vas a dignar visitar el pueblo de nuevo?