31/08/08
Portero automático

Dicen que es por seguridad, para evitar que cualquiera pueda entrar en el edificio y atracar a sus habitantes. Y no dudo que sea verdad. También es costumbre, cuando uno sale a la calle y se encuentra en el portal con un desconocido que ha llamado a uno de los departamentos y está esperando a que bajen a abrirle, no dejarlo pasar. Tiene que esperar a que le abran la puerta los que lo conocen.
Esta extraña amputación de la comodidad y la propia libertad da una medida de lo trabada que se encuentra la sociedad porteña. Reinan la desconfianza y el miedo. La comunicación se da a partir de esas dos negaciones, y resulta siempre difícil, incómoda como tener que interrumpir lo que uno esté haciendo para bajar a abrir.
¿La comunicación como interrupción? Tengo el presentimiento de que así es como la siente en el fondo la gente de aquí. Resulta muy difícil crear nuevas redes; la mayoría se mantiene en las que se insertó a muy temprana edad, casi siempre en la escuela secundaria. Para entrar en una nueva, uno debe ir de la mano de alguien que ya pertenezca a ella, no puede llegar por su cuenta y presentarse porque no será admitido. También, cualquier intento en esa dirección será interpretado como una invasión, como una usurpación de un derecho. Con el consiguiente rechazo.
Para entrar en una red social, hace falta que alguien baje a abrir. Pero es muy raro que alguien sienta la suficiente confianza para hacerlo, y se tome la molestia.
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