02/06/08
El mecenazgo y un lugar en el mundo
En 1953, el gobierno de los Estados Unidos aprobó e implementó una ley de mecenazgo para las artes (aún vigente) que fue esencial en la conversión de Nueva York de ciudad importante a capital mundial. Este tipo de leyes sirven para canalizar capital financiero en dirección del capital social y cultural sin los cuales ninguna ciudad puede aspirar a nada importante a nivel global. Esos otros tipos de capital atraen turistas, sí, pero también atraen inversores. La historia es sencilla. Con inversiones fuertes en cultura, los extranjeros vienen, y unos cuantos vienen a comprar arte. El mundillo del arte, muchas veces denigrado por ser “cosa de ricos”, es un lugar en el que se habla, se establecen relaciones de confianza, se inician muchas conversaciones que desembocan en pactos de negocios, en inversión. Que no se apruebe una ley de mecenazgo en Argentina atestigua el desconocimiento de sus gobernantes en cuanto a la fuerza expansiva de las redes sociales.
Pero una ley así tiene otros beneficios. Serviría para canalizar el enorme capital cultural que acumula Buenos Aires y que muchas veces se pudre por falta de inversión. Así, el país, y la ciudad, viven en un circuito doloroso que, como mucho, se percibe desde fuera como silencio. Si no somos capaces de decirle al mundo nada, ¿cómo pretendemos ocupar un lugar en él? Y menos un lugar de privilegio. Tenemos que ser capaces, desde Argentina, de entrar en conversación con el resto del mundo, globalizado, si queremos que se nos tenga en cuenta, si queremos tener alguna incidencia en cómo se da esa globalización.
La ley de mecenazgo, además de ser fundamental en la colocación de Argentina en el imaginario global, daría trabajo a miles de personas: artistas, productores, agentes comerciales, técnicos. Los efectos de esta nueva riqueza productiva y exportadora se notarían en los servicios, en el comercio, en la industria, de manera radical en unos pocos años.
Si Argentina sigue empeñada en NO existir a nivel global, está claro: una de las cosas que tiene que hacer es seguir postergando la ley de mecenazgo. Las generaciones venideras, estoy seguro, sabrán agradecérselo a los actuales gobernantes, en la Casa Rosada y en el Congreso, en el silencio al que se les condena.
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